-¿Quieres odiarme? ¡Adelante! Ódiame cuanto te plazca, hasta que te quedes sin coraje. Ódiame hasta que te duela, hasta que me mates, hasta que nos arrollen en la carretera. Ódiame hasta que me perdones, o no lo hagas, me da igual. Ódiame por no disculparme por un crimen que no cometí, ódiame por ser la causa de tu muerte imaginaria en un futuro hipótetico. Ódiame si eso te hace feliz, no me importa. Pero haz el favor de estarte quieto para que pueda detener la hemorragia.
Ácoer estiró la pierna, sin mirarle a la cara.
-Está amaneciendo -murmuró la bailarina mientras estiraba las vendas.
-Pareces acostumbrada a hacer esto.
-Tengo práctica curando cortes profundos, supongo. ¿Has olvidado con quiénes he vivido todos estos años?
Él frunció el ceño. ¿Era normal que hiciera bromas sobre ello? Dioses, esa chica siempre conseguía sacarle de quicio.
-No me refería a eso. Me refería a lo de hacer a los demás replantearse su existencia.
Dafne se echó a reír.
-Eso nació conmigo.