RSS

La vendedora de siemprevivas

6 apuntes
En tiempos remotos existió una mujer cuyos huesos se quebraban con un suspiro, un temblor. Su nombre era Sofía, y cuenta el poema que viajaba por el mundo vendiendo siemprevivas a las personas, a cambio de que la próxima vez que miraran las flores sonrieran. Existía otra condición más; debían ponerlas a la vista.

Un día, alguien le preguntó por qué hacía aquello, aún a riesgo de morir en el intento. Sofía sonrió, y dijo que tenía la obligación de enmendar todas las veces que había provocado un llanto.

Lo que no sabía este individuo era que, aunque viviera mil años, jamás lograría saldar su deuda. Por eso escogió las siemprevivas, tenía la vana esperanza de que realmente fueran inmortales.

Haz el favor de estarte quieto para que pueda detener la hemorragia

5 apuntes
-¿Quieres odiarme? ¡Adelante! Ódiame cuanto te plazca, hasta que te quedes sin coraje. Ódiame hasta que te duela, hasta que me mates, hasta que nos arrollen en la carretera. Ódiame hasta que me perdones, o no lo hagas, me da igual. Ódiame por no disculparme por un crimen que no cometí, ódiame por ser la causa de tu muerte imaginaria en un futuro hipótetico. Ódiame si eso te hace feliz, no me importa. Pero haz el favor de estarte quieto para que pueda detener la hemorragia.
Ácoer estiró la pierna, sin mirarle a la cara.
-Está amaneciendo -murmuró la bailarina mientras estiraba las vendas.
-Pareces acostumbrada a hacer esto.
-Tengo práctica curando cortes profundos, supongo. ¿Has olvidado con quiénes he vivido todos estos años?
Él frunció el ceño. ¿Era normal que hiciera bromas sobre ello? Dioses, esa chica siempre conseguía sacarle de quicio.
-No me refería a eso. Me refería a lo de hacer a los demás replantearse su existencia.

Dafne se echó a reír.
-Eso nació conmigo.

Agarrarse muy fuerte

6 apuntes
-¿Cómo haces para ser tan valiente? -preguntó el surcador de cielos.
La chica tigre sonrió.
-Tú también lo haces cuando montas en tu trasto volador. Si te sueltas, mueres. Sólo te queda agarrarte muy fuerte, y que sea lo que los dioses quieran.

El fuego había lamido su piel y congelado su corazón, pero no murió aquella noche.
© 2009 - Burbujas de nieve | Design: Choen | Pagenav: Abu Farhan Top